Trigo

Del fertilizante al cultivo: el camino de los nutrientes

Desde su aplicación hasta su absorción, los macronutrientes atraviesan procesos que condicionan su eficiencia. Entenderlos es clave para cerrar brechas de rendimiento.

En los sistemas agrícolas de Argentina, el cultivo de trigo cumple un rol estratégico tanto en la generación de ingresos como en la sustentabilidad de las rotaciones. Sin embargo, distintos relevamientos de INTA y Aapresid evidencian una tendencia preocupante: la disminución progresiva de la fertilidad de los suelos, especialmente en lo que respecta a nutrientes esenciales como nitrógeno (N), fósforo (P) y azufre (S). Esta situación se ve agravada en planteos mixtos o ganaderos, donde muchas veces las pasturas no reciben reposición de nutrientes, generando sistemas extractivos que impactan directamente en los cultivos siguientes.

Estado actual de los suelos y disponibilidad natural de nutrientes

Los suelos de la región pampeana, históricamente ricos en materia orgánica, han experimentado una caída sostenida en sus niveles de carbono y nutrientes disponibles debido a décadas de agricultura continua. Estudios del INTA indican que en amplias zonas trigueras los niveles de fósforo extractable (P-Bray) se encuentran por debajo de los umbrales críticos (10-15 ppm), limitando la respuesta del cultivo. Asimismo, la mineralización natural de nitrógeno, proceso clave para abastecer al cultivo, resulta insuficiente en escenarios de alta productividad, especialmente en inviernos fríos o con baja actividad biológica.

La fertilización de los suelos comparado entre 2011 y 2024 (Fertilizar AC)


En este contexto, la disponibilidad natural de nutrientes depende de procesos biológicos y fisicoquímicos complejos. La materia orgánica actúa como reservorio de N y S, liberándolos a través de la mineralización microbiana. Sin embargo, este proceso es altamente dependiente de la temperatura, humedad y aireación del suelo. Por su parte, el fósforo presenta una dinámica más compleja, con alta fijación en el suelo y baja movilidad, lo que limita su disponibilidad efectiva para el cultivo.

Los tres macronutrientes clave en el arranque del trigo

El período de arranque del trigo, desde la siembra hasta macollaje, es crítico para la definición del número de plantas, macollos y, en última instancia, del rendimiento. En esta etapa, el cultivo depende fuertemente de la disponibilidad inmediata de nutrientes, especialmente N, P y S.

Nitrógeno (N): es el principal motor del crecimiento vegetativo. Participa en la síntesis de aminoácidos, proteínas, clorofila y enzimas, siendo esencial para la expansión foliar y la captación de radiación. En el suelo, el N se encuentra mayormente en formas orgánicas, que deben ser mineralizadas a amonio (NH₄⁺) y luego nitrificadas a nitrato (NO₃⁻), forma predominante de absorción por el trigo. Este proceso, mineralización y nitrificación, depende de la actividad microbiana, por lo que puede ser limitado en condiciones de baja temperatura o humedad.

Fósforo (P): clave en las etapas iniciales del cultivo, el fósforo interviene en procesos energéticos (ATP), división celular y desarrollo radicular. Su disponibilidad temprana favorece un sistema radicular más exploratorio, lo que mejora la captación de agua y nutrientes. Sin embargo, el P aplicado al suelo sufre rápidamente procesos de fijación química, formando compuestos insolubles con calcio (en suelos alcalinos) o hierro y aluminio (en suelos ácidos), reduciendo su disponibilidad. Las formas absorbidas por el cultivo son principalmente H₂PO₄⁻ y HPO₄²⁻.

Azufre (S): aunque históricamente menos considerado, el azufre ha cobrado relevancia en los últimos años debido a la disminución de sus aportes atmosféricos. Es fundamental para la síntesis de aminoácidos azufrados (cisteína y metionina), proteínas y enzimas. En el suelo, el S se encuentra mayormente en forma orgánica y debe mineralizarse a sulfato (SO₄²⁻) para ser absorbido. Su dinámica es similar a la del nitrógeno, aunque con menor movilidad.

Procesos químicos desde la aplicación hasta la absorción

La eficiencia de los fertilizantes no depende únicamente de la dosis aplicada, sino de los procesos que determinan su transformación y disponibilidad en el suelo.

En el caso del nitrógeno, fertilizantes como la urea deben atravesar un proceso de hidrólisis (catalizado por la enzima ureasa) para transformarse en amonio. Posteriormente, bacterias nitrificantes convierten el amonio en nitrato, forma más móvil pero también más susceptible a pérdidas por lixiviación.

El fósforo, por su parte, presenta uno de los mayores desafíos en términos de eficiencia. Una vez aplicado, una proporción significativa reacciona rápidamente con componentes del suelo, quedando retenido en formas no disponibles. Este fenómeno, conocido como fijación, limita la fracción de fósforo que efectivamente puede ser absorbida por el cultivo en el corto plazo.
En cuanto al azufre, su disponibilidad depende de la mineralización de la materia orgánica y de la oxidación de formas elementales. El sulfato resultante es la forma disponible, pero también es susceptible a pérdidas por lixiviación en suelos de textura liviana.

Riesgos de contaminación por baja eficiencia de los fertilizantes sólidos

Cuando los nutrientes aplicados no logran transformarse en formas disponibles o no son absorbidos eficientemente por el cultivo, pueden generarse impactos ambientales significativos. En el caso del nitrógeno, el nitrato no absorbido puede lixiviarse hacia napas, contaminando aguas subterráneas. Además, procesos de desnitrificación pueden liberar gases como el óxido nitroso (N₂O), un potente gas de efecto invernadero.

En el fósforo, aunque su movilidad es menor, la acumulación en superficie puede derivar en pérdidas por escorrentía, contribuyendo a la eutrofización de cuerpos de agua. Este proceso genera proliferación de algas y deterioro de la calidad del agua.

Por su parte, la baja eficiencia en la utilización de fertilizantes sólidos no solo implica pérdidas económicas, sino también una menor sostenibilidad del sistema productivo. Tal como señalan estudios de INTA, mejorar la sincronía entre oferta y demanda de nutrientes es clave para aumentar la eficiencia y reducir riesgos ambientales.

Estrategias para mejorar la eficiencia en el arranque

Frente a este escenario, el manejo nutricional del trigo en sus primeras etapas debe orientarse a maximizar la disponibilidad inmediata de nutrientes en la zona de implantación. La localización de fertilizantes, el uso de fuentes más eficientes y la integración con prácticas de manejo del suelo son herramientas clave.

En sistemas donde la fertilidad de base es limitada, como ocurre frecuentemente luego de pasturas poco fertilizadas, resulta fundamental adoptar estrategias que aseguren una nutrición temprana eficiente. La incorporación de tecnologías de fertilización más precisas permite mejorar la relación insumo/producto y construir sistemas más sustentables.

MAPLIQUID es un fertilizante líquido en solución, a base de fosfatos minerales que combina nitrógeno amoniacal y fósforo en una solución estable. Su principal ventaja radica en la alta disponibilidad del fósforo en forma de ortofosfato, que es la forma directamente asimilable por las raíces del maíz. Esto lo convierte en una herramienta sumamente eficiente en etapas tempranas, donde la demanda del cultivo y las condiciones ambientales limitan la mineralización y el acceso a fósforo en el suelo.

 

 

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