Maíz

Maíz tardío y fósforo: por qué la disponibilidad inicial

La baja movilidad del fósforo y el deterioro de los suelos argentinos exigen estrategias de nutrición más precisas. Aplicar fuentes totalmente solubles a la siembra incrementa la eficiencia, mejora la exploración radicular y permite superar la limitación que más condiciona al cultivo en los primeros estados.

El maíz tardío se ha consolidado en la región pampeana como una estrategia agronómica eficiente para estabilizar rindes frente a los riesgos climáticos del verano. Sin embargo, este esquema productivo no elimina las limitantes nutricionales y, entre ellas, el fósforo (P) ocupa un lugar central por su efecto directo sobre el establecimiento, el crecimiento radicular y la capacidad del cultivo de sostener el número de espigas y granos, variables que determinan la productividad final. En siembras tardías, donde la ventana para construir aparato fotosintético es más corta y la definición del rendimiento ocurre en condiciones de elevada demanda hídrica y térmica, contar con fósforo disponible desde la implantación se vuelve crítico para no resignar potencial en las primeras etapas.

El rol del fósforo en el maíz tardío

El fósforo es esencial para la transferencia de energía (ATP/ADP), la síntesis de ácidos nucleicos, el desarrollo de raíces y la diferenciación de los meristemas. Su baja movilidad en el suelo hace que el cultivo dependa, en gran medida, de la concentración disponible en la zona inmediata de exploración radicular durante las primeras semanas. En maíz tardío, esta etapa coincide con temperaturas del suelo más elevadas, que en teoría favorecen la mineralización y difusión del P, pero esta ventaja se diluye en los suelos de la zona núcleo, que muestran niveles de fósforo cada vez más bajos y se encuentran ampliamente por debajo de los umbrales críticos.

Radiografía de los suelos de la zona núcleo: P al límite

Los estudios de Fertilizar AC, INTA y universidades nacionales coinciden en un diagnóstico preocupante: la mayor parte de los suelos agrícolas de la región pampeana presenta niveles de P-Bray menores a 15 mg kg⁻¹, rango en el que la probabilidad de respuesta a la fertilización es alta y donde la disponibilidad natural del suelo ya no alcanza para sostener rindes competitivos. Este descenso es consecuencia de balances negativos sostenidos durante décadas, donde la reposición de fósforo no supera el 50–60% de lo que se extrae en los granos, lo que fue erosionando de manera sistemática la fertilidad fosfatada. En la zona núcleo —norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba— los niveles actuales de P-Bray se encuentran frecuentemente entre 8 y 14 mg kg⁻¹, muy por debajo de los valores históricos y claramente insuficientes para un cultivo exigente como el maíz.

 

Particularidades del maíz tardío y su respuesta al fósforo

En este contexto, ensayos de la región pampeana norte muestran que el maíz tardío responde de manera más consistente a la fertilización fosfatada que hace una década. En ambientes con P-Bray bajo, la aplicación de fuentes totalmente solubles a la siembra genera incrementos de rendimiento que suelen ubicarse entre 400 y 900 kg ha⁻¹, dependiendo de la oferta hídrica y del manejo de nitrógeno. La explicación es fisiológica: un adecuado aporte de fósforo en las etapas iniciales acelera la emergencia, mejora el vigor de plántula y promueve un sistema radicular profundo y ramificado. Esto no solo mejora la captura de agua en pleno verano, sino que incrementa la eficiencia en el uso del nitrógeno al permitir que la planta explore mayor volumen de suelo y sostenga una tasa fotosintética más alta.

Ofrecer fósforo soluble con disponibilidad total a la siembra es clave por varias razones. En primer lugar, porque el cultivo depende de un suministro continuo y cercano a la raíz en un periodo muy corto, desde la emergencia hasta V6, fase en la que se define gran parte del número de potenciales hileras y espiguillas. En segundo lugar, porque el fósforo bandado o aplicado en la línea genera una zona enriquecida que favorece la rápida absorción y reduce la dependencia del P del suelo, que en su mayoría se encuentra fijado o en formas poco disponibles. En tercer lugar, porque en suelos empobrecidos esta estrategia no solo mejora el rendimiento del ciclo actual, sino que constituye el primer paso para comenzar a reconstruir la fertilidad a largo plazo.
 

Ventajas de ofrecer fósforo soluble con disponibilidad total a la siembra

La colocación de P totalmente soluble, como fuentes líquidas de alta eficiencia, en la siembra del maíz tardío asegura una disponibilidad inmediata y evita las pérdidas por fijación que se acentúan cuando la dosis se aplica a voleo sobre suelos de bajo nivel de P y alta capacidad de inmovilización. Su ubicación estratégica en banda, cerca de la semilla y a la profundidad adecuada, incrementa la eficiencia de aprovechamiento y permite utilizar dosis ajustadas al potencial del ambiente y al nivel de fósforo del suelo. Esto se vuelve relevante en años en los que la relación insumo/producto es desfavorable: una aplicación eficiente y localizada puede marcar la diferencia entre sostener las plantas en la ventana crítica o iniciar el ciclo con una limitante estructural difícil de revertir.

Aunque la fertilización de arranque es esencial, también queda claro que no es suficiente para recomponer los niveles de fósforo de la región. La estrategia debe complementarse con aplicaciones de reposición a escala de rotación, contemplando la extracción de maíz, soja y trigo/cebada. No obstante, asegurar fósforo soluble y totalmente disponible a la siembra constituye la práctica más eficiente para que el maíz tardío exprese su potencial y, al mismo tiempo, permita frenar la degradación fosfatada de los suelos más productivos del país. En un escenario donde la zona núcleo trabaja por debajo de los umbrales críticos, esta intervención temprana no es un complemento: es una condición agronómica indispensable para sostener la productividad actual y futura.

En un contexto donde la zona núcleo maicera trabaja con suelos fosfatados al límite, el maíz tardío no puede depender solo del fósforo “histórico” del perfil. Los datos de suelos y ensayos locales coinciden: asegurar fósforo totalmente soluble y bien posicionado a la siembra es una condición necesaria para que el cultivo exprese su potencial y para dejar de seguir erosionando, silenciosamente, el capital de fertilidad de los suelos argentinos.

MAPLIQUID es un fertilizante líquido en solución, a base de fosfatos minerales que combina nitrógeno amoniacal y fósforo en una solución estable. Su principal ventaja radica en la alta disponibilidad del fósforo en forma de ortofosfato, que es la forma directamente asimilable por las raíces del maíz. Esto lo convierte en una herramienta sumamente eficiente en etapas tempranas, donde la demanda del cultivo y las condiciones ambientales limitan la mineralización y el acceso a fósforo en el suelo.

 

 

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